martes, 20 de septiembre de 2011

De París o Madrid.

A la mierda con lo correcto o lo incorrecto. ¿Qué es lo correcto, hacer lo que esperan de ti o desafiar a la realidad siguiendo tus ideales? Prefiero serme fiel, serle fiel, por eso arranqué la primera página, y la introducción entera del doctor J. Evans Pritchard, aquella que enseñaba a medir la calidad y el valor de mis ideas hechas poemas con números. Me ahogaba en vasos de agua llenos de sal, pero me empeñé en saltar charcos del tamaño de océanos. Y nunca quise gritarle lo mucho que me encanta su sonrisa, pero lo gritaré, gritaré que te quiero, como si fuera mi última oportunidad, mi última vez, que lo escuche bien la gente, la que conocemos y la que no. También le diré "calla y bésame, tonto". Prefiero inventar para él un París en Madrid, comprar los billetes es demasiado fácil, y arderá la ciudad bajo nuestro fuego. Porque nosotros incendiamos Roma hace miles de años, pero el amor así está muy mal visto y se inventaron otra historia. Derretimos los relojes de su salvador cuando se fundieron las miradas, y al ritmo de una canción de The Strokes que no recuerdo su título con claridad, pero que decía que nunca conseguiría su amor, You're never gonna get my love, pero que no me desanimaba, me retaba a intentarlo de nuevo otra mañana más. Y dicen que cuando llueve el cielo no es azul, pero se equivocan, porque lo que ven son las nubes, y no el cielo.

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